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Tiburón Citroën Payá y el linotipista de ABC


Eran los tiempos del "haiga". Mucha gente, hoy, pensara que "haiga" es, simplemente, el "haya" mal dicho; otros quizás sepan qué clase de coche se denominaba así: ¡El más grande de los coches americanos! ¿y por qué se le llamaba así? Porque los nuevos "ricos" de entonces, casi todos procedentes del estraperlo, cuando iban a comprar un coche no preguntaban ni por modelo ni por marca, simplemente decían: "Dame el más grande que haiga".

Y así, en las calles, sobre todo en las de los pueblos, empezaron a proliferar vehículos más largos y aparatosos de lo normal, siempre o casi siempre, conducidos por gente que, con las ventanillas abiertas, para que se les viera bien, no se quitaban el "habano" de la boca. Pero aparte de estos nuevos "pilotos", los de siempre usaban los coches de siempre, destacando entre los diversos modelos un coche francés, el Citroën Tiburón, que tanto por su reconocida fama, como por lo elegante y aerodinámico de su línea, destacaba en las preferencias de los usuarios. Circulaban muchos "tiburones", sin que dejaran de verse los "haigas".

Una firma juguetera de Ibi, Payá Hermanos, consiguió las autorizaciones pertinentes y reprodujo en juguete para niños el modelo del que presumían sus padres: el Citroën Tiburón. Le dotó del mecanismo necesario para dirigirlo a distancia y lo lanzó al mercado. Contactamos con los fabricantes y les convencimos para publicitarlo en televisión, como así lo hicimos. Montamos maquetas con calles, esquinas, subidas y bajadas, e hicimos evolucionar el juguete, mostrando todas sus prestaciones, a la vez que una voz en off repetía, una y otra vez, "Tiburón Citroën Payá, Tiburón Citroën Payá..." insistiendo en la frase tantas veces como permitían los 15 segundos de duración del spot.

Hasta aquí todo normal, incluso el record de ventas del juguete; lo curioso ocurrió cuando un día en el periódico ABC apareció un anuncio de tamaño no muy reducido que decía: "Vendo Tiburón Citroën Payá". Seminuevo. Precio 000000". Ni por el tamaño del anuncio ni por el precio fijado, podía pensarse que se tratara del juguete, por lo que era fácil el llegar a la conclusión de que "el honrado cajista", como se diría en una célebre zarzuela, tenía tan metido en la cabeza el eslogan del juguete que no dudó en incorporarlo en el cuerpo del anuncio.

No existen ahora coches de ese modelo, pero estoy seguro de que muchos de los niños de entonces, hombres hoy, jugarían en más de una ocasión siguiendo las evoluciones del
Tiburón Citroën Payá.

Fuente: Enrique J. Fernández. Ex Canut & Bardina.

 

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