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La bebida española, sus hombres y sus marcas


El amigo Enrique J. Fernández nos vuelve a regalar otra interesante historia sobre la publicidad española:

En los años cincuenta apenas existían medios publicitarios, fuera de los habituales y conocidos como radio, prensa y cines... pero no tenían "tirón". Un "avispado" promotor, reunió a un grupo de afamados escritores de la época y les pidió que le escribieran sendos artículos sobre el vino, otras bebidas y sus respectivas elaboraciones. Entre estos escritores estaban José María Pemán, Gregorio Marañón, José Ortega y Gasset, Adriano del Valle, Federico Muelas, Julio Tarin Sabater, que fue quien parió la idea, Marichu de la Mora y otros de igual renombre. Con estos nombres y la "promesa" de elaborar un Libro de Oro del Vino y demás bebidas de mesa, lanzó a la calle a una serie de promotores, con la única y primordial misión de lograr, no "anunciantes" sino empresas que quisieran unir sus historias a la historia que se les proponía. Los promotores no tenían más misión que la de recabar unos someros datos de la empresa y conseguir el contrato de una, dos a tres páginas según poder adquisitivo y "vanidad" familiar; sus redactores, decían, se encargarían de "aderezar" sus versiones.

Con los contratos en su poder y los escasos datos recabados, entregaban estos a José López del Arco, quien se había encargado de buscar "negros redactores" quienes habrían de escribir y no firmar. Como tantos otros jóvenes de la época, nuestro protagonista, el que les cuenta esta historia, escaso de medios y con mucha ambición, buscaba trabajo para "ser" y "estar"; supo de la necesidad de redactores y se presentó, entre otros muchos. El Sr. López del Arco le entregó una ligera sipnosis sobre la destilería de Anís del Mono y le dijo de escribir una historia completa, de tres páginas y con mucho "botafumeiro". En 24 horas entregó el trabajo y, después de preguntarle si era capaz de escribir hasta trescientas historias de igual calibre, Don José le encargó la redacción integra de los textos conseguidos.

Se escribió un libro de 800 y pico páginas, más de trescientas "biografías de empresas y hombres", publicitarias, por supuesto. Con un peso de cerca de tres kilos, en edición de lujo fue editado y distribuido entre los contratantes, poniéndose a la ventas un número mínimo de ejemplares.

El nombre de nuestro protagonista no figuró por ningún lado, pero este cobró sus buenos dineros, que le permitieron subsistir durante mesas y, lo que es mejor, aprendió a amar una profesión que llevaría consigo toda su vida: ¡publicitario!

Historia basada en un hecho real.

Fuente: Enrique J. Fernández. Ex Canut & Bardina.

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