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El depósito no pudo ser empaquetado

Pronto llegarán las lluvias. Este año, con más anhelo que nunca.

En noviembre de 1987, la gente de Contrapunto y Renfe -tándem que construyó uno de los capítulos más fascinantes de la historia de la publicidad española-, miraba al cielo constantemente, con el temor de saber que una acción en el exterior -años más tarde se acuñaba aquello de "street marketing" pensando que se inventaban algo-, podía venirse al traste en cuanto lloviera. Y así fue. La originalidad tiene su cuota de riesgo, siempre.

La noticia fue recogida por la revista Anuncios y esta semana, tras recuperarla para mostrarla por aquí, se nos multiplica en datos gracias a Uschi Henkes, una de las protagonistas de la historia, que al descubrir que la habíamos compartido en redes sociales, nos contó lo que realmente pasó:

"No ha sido la lluvia. Ha sido el viento.

Noviembre de 1987. Este proyecto se me quedó grabado en la memoria porque fue enorme, valiente, hermoso… y acabó de una manera horrorosa.

Punto Cero, Contrapunto y Renfe llevábamos semanas preparando el lanzamiento del nuevo servicio de paquetería de Renfe. La idea: empaquetar un edificio como si fuera un paquete gigante.

Primero pensamos en el Pirulí, pero no pudo ser. Así que elegimos el depósito del Canal de Isabel II. Y allí empezó la locura.

Toneladas de papel/cartón color kraft, cuerdas gigantes y etiquetas de hasta 28 metros. Nosotros, al lado, unos auténticos Borrowers.

El papel se iba bajando desde lo alto del depósito, poco a poco, con muchísima gente y paciencia. Por la noche nos fuimos convencidos de que al día siguiente sería un acontecimiento: prensa, helicópteros, VIPs… todo preparado para el gran lanzamiento.

Pero cuando llegué a Plaza Castilla por la mañana, algo no pintaba bien, había varios coches de bomberos. Nuestro paquete estaba literalmente por toda la plaza. Enormes trozos de papel volando por todas partes. ¿Qué había pasado?

A las cinco de la mañana decidieron acelerar el proceso y bajar todo el papel de golpe. Y entonces llegó el viento. Un viento brutal que entró por debajo de los huecos de la estructura, levantó el papel y lo hizo pedazos. Hasta llegó a peligrar la seguridad del propio depósito.

Y ahí terminó todo. Sin prensa. Sin fotos. Sin lanzamiento. Y sin constancia de lo que probablemente fue una de las primeras piezas de street marketing de la historia española.

Por eso, ¡gracias mil por ese clip, Sergio! Es seguramente la única prueba de que aquello existió y de que no fue un sueño. Y gracias, como siempre, a Renfe por atreverse entonces a apostar por una creatividad tan experimental, hombro con hombro con Contrapunto."