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Aquellos ilustradores de entonces: Areuger

Areuger. Este extraño seudónimo correspondía a Gaspar Fernández de la Reguera ("Reguera", palíndromo) había nacido en Cádiz en 1881. Trasladado a Madrid, enseguida empezaría a colaborar con sus dibujos en diversas publicaciones, aunque su época dorada le llegaría ya con la madurez y coincidiendo con los años de la República. Régimen este al que combatió ferozmente con sus dibujos críticos desde varias cabeceras de derechas y de extrema derecha. Se confesaba discípulo de Joaquín Sorolla, y su maestría en la caricatura consistía, según él mismo, en recortar miles de fotografías de los periódicos de los personajes públicos, de manera que, cuando tenía que “destrozar” a alguno, ahí tenía él una figura sobre la que trabajar.

Pero antes, en los años de la Gran Guerra, sus ilustraciones aparecieron en una revista muy crítica en la puesta en solfa a gobiernos y personajes importantes. "El Mentidero", que así se titulaba, llegó a tener tiradas de 200.000 ejemplares. Veinte años después, por cierto, este periódico reapareció en una segunda época, pero ahora orientado a la extrema derecha antirrepublicana. Al margen de la “orientación” y las fijaciones del director del mismo, en el nuevo "El Mentidero" trabajaban la caricatura y firmaban textos varios viejos colaboradores, como nuestro recuperado Areuger.

Pero su gran apuesta (que acabaría por costarle cara) fue su omnipresencia con feroces caricaturas, ya desde las portadas, en el semanario "Gracia y Justicia", devastador contra las izquierdas. Se dejó de publicar en 1936, y con su desaparición arrastró también a sus colaboradores, entre ellos Fernández de la Reguera, que pagó caro su sarcasmo y osadía al criticar a muerte a las figuras del Frente Popular. Una vez desatados los odios, Areuger fue arrastrado en la vorágine de los primeros meses de la guerra, siendo asesinado (otros hablan de desaparecido). Tuvo el mismo final que compañeros de enfrente, así mismo eliminados por sus "divertidos" dibujos anteriores. Porque, como ahora mismo se puede constatar, la caricatura puede ser destructora de personajes y personalidades (el reflejo de nuestra propia deformación exagerada no es digerible), y la mayoría de sus víctimas son incapaces de “perdonar” tamaña osadía y acaban por intentar borrar al autor de esos trazos grotescos.

Areuger también hizo dibujos blancos, alejados de la confrontación política. Como este de los años veinte.

Por José María López Ruiz.

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