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Bazar o agencia de servicios plenos

Qué duda cabe que rascar en la historia y sumergirse en aguas no exploradas, nos puede llevar a descubrimientos realmente curiosos.

De pocos es sabido entre los publicitarios de hoy en día, que antaño hubo una agencia de publicidad que llamándose Los Tiroleses, fue fundada en Madrid en 1889 por Valeriano Pérez Pérez, iniciando una historia que la llevaría hasta un cercano 2009, cuando cerró sus puertas definitivamente. Puso los pies, por lo tanto, en tres siglos, algo solo logrado hoy en día en España por dos agencias en activo: la barcelonesa Roldós, y el ADN de la legendaria J. Walter Thompson que pueda quedar en lo que hoy es Wunderman Thompson.

Siempre nos ha llamado la atención la denominación Los Tiroleses, el porqué de ese nombre. Sabemos que antes que agencia, su misión en el mercado fue otro: mercería, sastrería o bazar, según la fuente consultada. Ese era el trabajo de Valeriano Pérez Pérez hasta que comenzó a la compra-venta de espacios publicitarios. Pero, ¿por qué se llamaba Los Tiroleses?

Según José Manuel Pedrosa (Centro Virtual Cervantes), parece ser que desde comienzos del siglo XIX, la llegada de oriundos del Tirol a España no se podía considerar como algo marginal. Proclives al comercio y a montar tiendas cuya denominación -y haciendo patria- descansaba bajo Los Tiroleses, ya en los primeros años de la década de 1800 el Diario de Madrid recoge los siguientes anuncios: “En la calle de Atocha, casa del Conde de Tepa, tienda de los Tiroleses, se encuentra un completo surtido de juguetes para niños, sea de madera pintada y blanca, biscuit, hoja de lata acharolada, &c.; la mayor parte son de movimiento por medio de resorte, arena e hilo, como coches, calesines y muñecas que andan solos, &c., que por su perfección e invención curiosa merecen ser preferidos a cuantos hasta ahora se han visto en esta corte, añadiendo que para su mayor despacho se arreglarán con la equidad posible” o “En el almacén de escultura y juguetes de los Tiroleses, sito en la calle de Atocha, junto a la fonda de San Sebastián, se halla de venta un buen surtido de papel avitelado, dispuesto para escribir cartas y billetes de todos tamaños, con cenefas y adornos grabados de bajos relieves, de unos gustos muy extraños y nuevos, en esta especie. Dicho papel se vende a 6 rs., el paquete de las mayores; y a 4 el de las más chicas, con sus correspondientes sobrescritos.

Años después, la prensa recogía nuevos anuncios, esta vez situando la tienda Los Tiroleses en la madrileña calle del Carmen, lo cual no quiere decir que se hubieran trasladado sino que se trata de un nuevo establecimiento bajo la misma denominación. De hecho, más adelante surgirían nuevos locales en Príncipe, Carretas o Montera. Incluso en Zaragoza o Segovia llegó a contar con sus propios “Los Tiroleses”.  Sin saber si todos ellos gozaban de la misma o distinta propiedad, lo que sí es cierto es que su expansión fue tal que se llegó a convertir en un genérico, de tal manera que ya se denominaba Los Tiroleses a cualquier bazar de bajos precios, lo cual no nos debe sorprender, pues casi dos siglos después pasaría algo similar con las tiendas de los chinos.

Así pues, cabe pensar que Valeriano Pérez Pérez heredó el nombre del bazar –en el que trabajaba o regentaba, pues tampoco está confirmado, aunque cambiase de actividad y se dedicara en el futuro a la incipiente publicidad. Resulta paradójico que entendamos por bazar aquel lugar donde se puede encontrar de todo, y que por otro lado, el momento más dulce de la agencia de publicidad fue aquel en el que los servicios plenos suponían que el anunciante encontraba en ellos todo lo que pudiera necesitar.

Nota: la pieza gráfica que acompaña a este artículo forma parte del Centro de Documentación Publicitaria, cuyo original conservamos aquí.

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