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Fallece Ernesto Savaglio, referente obligado de la publicidad argentina de las últimas décadas

A comienzos de este mes nos llegó la noticia de la muerte de Ernesto Savaglio, uno de los máximos exponentes de la creatividad publicitaria argentina de las últimas décadas. Recogemos a continuación el recuerdo que le hizo el diario La Nación, de la mano de Carlos Acosta:

“Creativo, estratega, transgresor…” Así se definía hace más de 30 años, cuando recién iniciaba una exitosa carrera con su agencia de publicidad. Fue en un largo reportaje que le hice a próposito de sus campañas de radio, gráfica y también televisión.

Personajes tan singulares como Savaglio, que dejan legados tan importantes, ¿mueren realmente? ¿o siguen vivos en sus dichos, en sus obras, en todo lo que fueron construyendo a lo largo de sus vidas?

La historia de la publicidad deberá decir que fue alguien que produjo un gran quiebre con su trabajo. A fines de los 80 Ernesto demostraba que se podía salir de la matriz heredada, esa de los personajes reflejados en las historias de Mad Men, y construir uno propio, real, de todos los días en un país como la Argentina. Desde el “Visto en Italia”, o “ Los huevos por el piso” hasta la última campaña de “Hombres de Ingenio” para Techint, Ernesto demostró lo que puede lograr la publicidad en una marca. “Una marca debe “marcar”, y para eso estamos” sostenía. Y lo logró en todos sus proyectos. Hacía buenas campañas no solo porque conocía muy bien a las audiencias, (no solos en datos, sino en almas) y fundamentalmente, conocía los medios y se comprometía con ellos. Eso explica los buenos trabajos que hizo para Clarín, TN, el Bureau de Radio, o Canal 13 y también sus campañas políticas.

Supo ganarse el respeto de sus colegas. Ninguno se atrevió a preguntarme por qué en mi libro “La generación Dorada” Ernesto ocupó el primer capítulo. Todos reconocíamos que se lo había ganado. Y que su legado es grande. Muy grande. “Su partida, para los que sabíamos de su salud, era una posibilidad latente. Pero se fue y todos estamos conmocionados: en eso también nos sorprendió. Ernesto es nuestro Gaudí. Hay muchos arquitectos geniales, pero Gaudí es otra cosa. La sensación de estar viendo algo rompedor y a la vez profundamente natural. Algo muy loco pero que siempre estuvo ahí. La originalidad, en su caso, consiste en volver al origen. “No hay que jugar para ganar, hay que jugar para que no te olviden” dijo Sócrates, el jugador brasileño. Ernesto es inolvidable. Y a mí me hace profundamente feliz saber que, ya libre de su cuerpo, él también lo sea para siempre” expresa Carlos Pérez, compañero de profesión y concuñado de Ernesto .

Para Hernán Ponce su recuerdo siempre estará anclado en la juventud. “Compartimos esa alocada pasión por lo que hacíamos, aunque lo hiciéramos de maneras distintas. Y eso, en épocas de grietas, es quizás lo que más me gusta de este recuerdo. Tuvimos grandes charlas dónde obviamente la mayor parte del tiempo él hablaba y yo escuchaba. Y hacía unas pausas tan largas entre frase y frase (decilo Ernesto, decilo) que a veces me daban tiempo de ir al baño y volver sin perderme nada. Muy parecido a cómo escribía, pausando textos con muchos punto seguido y muchos punto aparte. Admiré y casi envidié su talento para codearse con políticos y empresarios poderosos. Aunque para mí, en el fondo, Ernesto siempre fue un chico que en vez de jugar con juguetes, jugaba con palabras. Esto era Ernesto” Para Fernando Vega Olmos, un redactor como Ernesto no podía irse de esta vida sin dejarnos la frase perfecta: “Yo soy creativo porque creo”. “Savaglio se fue y quedará en el recuerdo de muchos. Porque tiene tanto para ser recordado. Pero yo soy creativo porque creo perdurará más allá de cualquier recuerdo. “Yo soy creativo porque creo” es un mantra. De un redactor que se hizo de la nada. Que abrió una agencia de publicidad porque, como él mismo solía decir, nadie lo hubiese contratado en ninguna otra. De un redactor que estaba a punto de cerrar ese loco proyecto por falta de fondos y apareció Carrefour y le dio la cuenta. Y la agencia prosperó, creció, se hizo internacional y conocida, por esta loca cadena de creencias. Cada vez que un creativo cree más allá que los demás, está invocando a Ernesto Savaglio. Aunque jamás haya ni siquiera oído hablar de él. Cuando algo no te guste, repetí “yo soy creativo porque creo”, y hacé que cambie”.

Pablo del Campo, el más joven de la generación, remarca que Ernesto fue alguien que se hizo solo. “La mayoría de nosotros tuvo maestros o referentes dentro de las agencias donde trabajábamos. El arrancó directamente confiando en su intuición y empezó a mostrar a través de trabajos (por ejemplo los de Angelo Paolo ) que encaraba la hoja en blanco sin fórmulas, y sin complejos. Pareciera que él fue su propio maestro a partir de mucha intuición y mucho sentido común. Y con algo a favor que no es fácil de encontrar ni siquiera en los grandes líderes: Ernesto no tenía miedo a equivocarse y a pegarse una piña. Ernesto era un valiente. Hubo que tener muchos huevos para convencer a Carrefour que estaba bueno decir que ellos (y todos) teníamos los huevos por el piso. ¿Podía haber algo más perfecto que eso en un aviso de ofertas?” Por su agencia pasaron grandes creativos, pero si tenemos que nombrar a uno es Martín Mercado, y cada vez que Ernesto lo nombraba lo hacía con orgullo, con devoción y con un enorme cariño. ¿Quién era Ernesto para Martín? “Ernesto era genial, auténtico, maradoniano. Políticamente incorrecto cuando lo políticamente incorrecto todavía no era correcto. Ernesto no se iba al pasto. Ernesto iba por el pasto y a veces mordía el asfalto. Para los que creen que murió sin avisar, Ernesto vivió sin avisar. Me enseñó que mejor que pedir permiso era pedir perdón. Y que aún mejor era no ir por la vida pidiendo perdón. Cuando te llamaba a su oficina sabías a qué hora entrabas, pero nunca a qué hora salías. Te llevabas un resfrío porque ponía el aire acondicionado en cuatro, pero también alguna piel de gallina. El resfrío se te iba en unos días, el resto lo llevo todavía conmigo. Con el volé por primera vez en avión. Con el fui por primera vez a Estados Unidos. Con él llamé a toda la red de TBWA a las 3 de la mañana a sus habitaciones para saber si estaban conformes con el servicio de toallas. Y, así como una parte suya está en mí, una parte mía, de esas partes de uno que no son ingratas, se fue con él”.

Finalmente, en momentos donde la publicidad tiene dificultades para encontrar su rumbo, los conceptos y las ideas de Ernesto tienen una vigencia y pertinencia vitales. Vale rescatarlas. Un pensamiento sigue vigente cuando se tiene identidad, un valor que distinguía a Savaglio. Qué lástima Ernesto, la publicidad te necesitaba cada día un poco más. De todas maneras muchas gracias por el legado.

Fuente: La Nación. Carlos Acosta.

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