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Miguel de Haro, notario de la publicidad

 Miguel de Haro

En diciembre de 1962, al precio de 50 pesetas el ejemplar, y con una periodicidad bimensual, nacía IPMARK. Ese mismo mes, moría Pedro Prat Gaballí, el pionero de la profesionalización publicitaria en España. Dos meses antes, en octubre, comenzaría a dar sus primeros pasos la otra revista decana de la publicidad española: Control. Tres noticias de un alcance inimaginable para la gran mayoría de las más recientes generaciones de publicitarios.

Apenas tres años antes Franco abrió las compuertas del país con el Plan Nacional de Estabilización Económica. España se abría al exterior y la publicidad no quedaría ajena. IPMARK y Control fueron conscientes de lo que aquello suponía y apostaron por ser los notarios del día a día publicitario. La llegada de las agencias extranjeras -americanas fundamentalmente- o la revolución “Movierecord-Estudios Moro”, serían algunos ejemplos de lo que aconteció en aquellos años sesenta, llamada posteriormente “la década de oro de la publicidad española”, hasta la llegada de los estratosféricos ochenta, claro. La puesta en marcha del Instituto Nacional de Publicidad, de la Escuela Oficial de Publicidad, del Estatuto de la Publicidad, del EGM, de la OJD, de la Asociación Española de Anunciantes… ¡Qué década! La publicidad española tenía que recuperar todo el tiempo y estructuras perdidas por culpa de la Guerra Civil, la posguerra y la autarquía impuesta por el dictador. Y en aquellos años dorados de despegue, IPMARK estuvo contándonos la historia, que también era la suya. Una época en la que todo estaba por hacer, en la que se estaba cimentando una profesión por completo. Apenas hay que conocer un poco nuestra historia para comprender que aquellos sí que fueron momentos difíciles y no los que hemos creído pasar en estos años de reciente crisis económica y estructural de la publicidad.

Y qué fácil es hoy acceder a la información del sector. A un solo clic lo tenemos todo, de diferentes revistas además, aunque el término “revista” seguramente quede anticuado para la gran mayoría. No digamos si además uno está suscrito a sus newsletters, los cuales te traen las noticias más frescas de la profesión a la puerta de tu… pantalla. Nos hemos malacostumbrado a tal nivel, que la gran mayoría de la información acabamos leyéndola en diagonal, bendiciéndola en el mejor de los casos con un “retuit o like”. Nada como el disfrute de la noticia palpada en el papel, donde la reflexión se hace reposado, sin la presión de un despreciable “scrolling”, que a modo de látigo, fustiga nuestro ritmo diario, recordando que no les debemos dedicar a tal asunto más de 10 o 20 segundos. Por eso las revistas del sector no son tampoco ajenas a uno de los grandes males de periodismo actual: la deficiente diversidad de fuentes, que van desde los portales profesionales a los blogs de particulares, así como la gratuidad de los contenidos, que han provocado un escasísimo sentimiento de valor por el acceso a la información. Nos hemos acostumbrado a la barra libre. No solo se ha devaluado el valor de la información sino que, en proporciones aún mayores, también lo ha hecho el acceso a la misma.

El adiós de Miguel de Haro, fundador de IPMARK, ha sido una noticia triste. Mucho. En estos días podremos escuchar y leer sobre él como persona, como veterano profesional, todo bueno, y justo, como no podía ser menos. Pero Miguel de Haro era un símbolo también, principalmente por todo lo citado anteriormente. Porque Miguel ha sido, junto a Enrique Nebot en Control, nuestro notario de la publicidad. Porque Miguel e IPMARK, IPMARK y Miguel, nos han contado la historia del último medio siglo de esta profesión de profesiones, que a duras penas se cree, que solo la conforman agencias y anunciantes. 

Por Sergio Rodríguez, fundador del Centro de Documentación Publicitaria.

Fuente foto: IPMARK.

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