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Fallece Enrique Fernández. Se va parte de la historia de la publicidad española

Mi amistad con Enrique comenzó en la recta final de su vida. Pero llegué a tiempo. Cuando hace unos siete u ocho años contactó conmigo, tras conocer la labor que estábamos haciendo, con la intención de depositar en mí su historia publicitaria.

Aunque tuvo un antes y un después en otras agencias, Enrique Fernández desarrolló la mayor parte de su carrera publicitaria en la agencia valenciana Canut & Bardina, donde llegó a ser la mano derecha de Mariano Canut, otro histórico al que la historia de nuestra profesión se ha empeñado en olvidar, aun cuando dicha agencia ha sido la más importante de toda la historia publicitaria valenciana así como una de las más relevantes en el extrarradio de los núcleos madrileño y barcelonés.

Qué gran facilidad tiene el ser humano para olvidar, sobre todo los jóvenes. También en la publicidad, desdibujándose unos años, en los últimos coletazos de la posguerra, en los que esta profesión tuvo que volver a cimentarse sobre el vacío existente. Son los años que le tocaron vivir a Enrique Fernández; años en los que se construyeron las primeras asociaciones publicitarias, las primeras revistas del sector, la primera ley, la llegada del marketing, los esbozos de la creatividad publicitaria… Años en los que al fabricante se le intentaba convencer de la utilidad de la publicidad y, entonces sí, pasaba a ser llamado “anunciante”. Años “de propaganda” en los que se estaba pasando del oficio a la profesión. Años de jugarse, también, la vida en la carretera, tan alejado de las presentaciones por videoconferencia o el envío de un arte final por email. Publicitarios de raza los de entonces, hoy prácticamente imposible de encontrar.

La amistad con Enrique Fernández nos ha permitido que hoy su legado publicitario pueda ser conocido y recordado en la web del Centro de Documentación Publicitaria, donde el visitante no solo puede leer su biografía, sino también bucear por la historia de la publicidad valenciana de aquellos años y, también, en los entresijos de las campañas de El Almendro, Kinito y su “y dan unas ganas de comer” (Kina San Clemente) o el Citroën Tiburón de juguetes Payá. Publicidad del sector del juguete y de los turrones, que también le deben mucho. Y es sumamente importante porque la historia de Enrique fue la de muchísimos otros publicitarios que nunca tuvieron el reconocimiento merecido. Porque esta profesión se empeña en recordar siempre los mismos nombres, las mismas agencias, los mismos anunciantes, las mismas ciudades, despreciando a tantos y tantos publicitarios de segunda línea de fuego, que estuvieron arrimando el hombro como el que más, pero que nosotros mismos nos empeñamos en olvidar.

Enrique Fernández, en sus últimos años se dedicó a regalar poemas y amaneceres a todos los que nos asomábamos a su perfil en Facebook. Yo me quedo con la cercanía de sus conversaciones, con su memoria prodigiosa, con el amor infinito a su mujer, con el lujo de haberle podido conocer, y con una historia, la suya, que no aparece en los libros. Y también me quedo con nuestra última charla unas semanas antes de despedirse, cuando hablando de sus achaques de la edad, me dijo con la voz temblorosa por el cansancio de los años: “Sergio, los hombres también se dicen estas cosas, eres un buen amigo y yo te quiero”.

Querido Enrique, aquí tu historia será recordada. Descansa en paz.

Enrique José Fernández Fernández falleció el pasado 14 de febrero de 2018.

Por Sergio Rodríguez
Fundador del Centro de Documentación Publicitaria.

También Ricardo Pérez, figura indiscutible de la publicidad española y compañero de trabajo de Enrique en los comienzos de ambos, se ha sumado a su recuerdo con este emotivo texto:

Saludo a Enrique Fernández

Lo conocí en mi única etapa “multi”, allá por los setenta.

NCK había absorbido CANUT, la agencia valenciana que competía en primera división con las grandes, gracias a la fuerza incontenible de un catalán inolvidable, Mariano Canut.

Me mandaron a dar un empujón a su creatividad y hubo que viajar mucho a regiones más o menos cercanas, para presentar campañas a clientes y prospects.

Fátima y yo nos acabábamos de casar y allá que nos fuimos los dos. Ambos compartimos viajes con Enrique Fernández, un hombre que entró en Canut con pantalón corto y que lo sabía todo de sus entresijos… y de los hijos y la hermana de Canut.

La anécdota salta aquí. Enrique conducía y cada vez que nos cruzábamos con una pareja (de la Guardia Civil) la saludaba llevándose dos dedos a la frente y con un doble toque de claxon.

Enrique era un hombre de cuentas sin cuentos, nada que ver con los capitalinos, que sabía todo lo que se cuece en una agencia de publicidad que tiene que ganarse el arroz cada día.

En sus últimos años tuvo Enrique el consuelo y la atención de Sergio Rodríguez que intercambió docenas de mensajes con él e incluso lo visitó en Valencia.

Porque la historia de la publicidad que Sergio atesora también está hecha de pequeños gestos.

Saludos, Enrique, en tu viaje final.

Paf, paf (sonido de claxon)

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