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Pasión por las sirenas, de Lottusse

Felices de compartir con todos nuestro último artículo, en esta ocasión para la edición de otoño-invierno de Passion, la revista de Lottusse que ya puedes encontrar en todas sus tiendas. Son varios años los que nos unen a Lottusse y a la familia Fluxá, y no pasa un día que no dejemos de enorgullecernos de ello. Confiamos que os guste.

Pasión por las sirenas

Hubo un tiempo en el que el pueblo mallorquín de Inca, donde nació Lottusse, se regía por un horario diferente al manejado por el resto del planeta. Los relojes de bolsillo, los de pulsera, los que marcaban las horas con el movimiento del sol -tan frecuentes en esta tierra-, e incluso los sobrios relojes de pared o las propias campanas de las iglesias, habían perdido cualquier atisbo de crédito. Ya no eran útiles. Aquí, en Inca, hubo un tiempo en el que el ritmo de sus habitantes lo marcaba el sonido de las sirenas de las fábricas de calzado, las mismas que en cada oportunidad sonora, animaban a pensar en una ansiada prosperidad. Cada una de ellas distinta; cada una de ellas perfectamente reconocible por sus respectivos trabajadores.

Hoy, algunos años después que dejaran de sonar -y los relojes de todo tipo y las campanas recobraran su protagonismo perdido-, la fábrica de Lottusse, haciendo honor a su labor pionera en la puesta en marcha de estos silbidos de la manufactura, pero también como un justo homenaje a toda una población que convivió a su ritmo, la mantiene activa, sobre el tejado de la fábrica, junto a la vía del tren, como siempre, tal cordón umbilical ligado a un cielo que no ha cambiado un ápice, pero que ha visto pasear bajo él generaciones y generaciones de inquenses que construyeron, con su pasión y trabajo, la industria del calzado en esta tierra.

En la actualidad, la sirena de Lottusse suena a las siete menos cuarto de la mañana y, unas horas después, avisando a sus empleados de la vuelta al trabajo tras almorzar, a las dos menos cinco. Cuenta orgulloso Antonio Arenas, el actual jefe de la fábrica, que aún hoy sigue sin utilizar el despertador por las mañanas, que para eso ya está la sirena de la fábrica, a pesar que un día, narra ahora en tono jocoso, ésta no funcionó y muchos de los trabajadores se quedaron dormidos. Y es que cerrar los ojos y escuchar su sonido, se convierte cuando menos en un nostálgico viaje en el tiempo, a los últimos suspiros del siglo XIX, cuando Antonio Fluxá Figuerola, el fundador de Lottusse, comenzara a revolucionar la fabricación del calzado en este apasionado pueblo del corazón de la isla de Mallorca.

Por aquel entonces, Inca vibraba actividad industrial en cada rincón de sus fábricas, lógicamente, pero también en sus calles y, como una especie de latido sobrehumano, en sus casas. Cuando las sirenas de las fábricas sonaban también a la hora del descanso para ir a almorzar, resultaba excitante observar cómo eran literalmente invadidas las calles -minutos antes solitarias- por una multitud de cientos de operarios, hombres y mujeres, dispuestos a acudir a sus hogares para reponer fuerzas y completar la jornada de trabajo.

Así, la periodicidad de aquellos avisos sonoros se había convertido, en cierto sentido, en una caprichosa interpretación del tiempo, donde el horario y el minutero pasaron a un segundo plano, fruto de una pasión que a modo de sustrato, sostenía una floreciente actividad manufacturera. Una pasión, que nace exactamente en 1877 de la mano de Antonio Fluxá Figuerola, principal exponente de la industria del calzado en Inca.

Desde aquel lejano año, se ha mantenido la misma actitud en cada acción que ha desarrollado Lottusse: la pasión, la cual la revelan acertadamente los diccionarios como el amor intenso hacia algo; sentimiento que toma más sentido si cabe cuando se recuerda que esta emblemática marca tiene un origen cien por cien mediterráneo, un espíritu de vitalidad que con el tiempo se ha convertido en una verdadera seña de identidad. Puro Mediterráneo: Lottusse, su gente, su espíritu. Cuna de civilizaciones, mezcolanza de caracteres y pasiones. En definitiva, marchamo genuino y embriagador. Desde cada puntada en el cosido de sus zapatos hasta la exquisita atención que encuentran los clientes en las tiendas Lottusse, tanto dentro como fuera de España. Pasión, pasión y pasión. Esta ha sido y sigue siendo la clave; el motor de todo.

Una pasión que ha brindado a la marca ser un referente en el mercado internacional del calzado. Que ha permitido innovar y mejorar constantemente, de modo que la perfección nunca ha sido entendida como un objetivo inmediato, ya que ésta, en los productos artesanales que distinguen a Lottusse, sólo puede conseguirse con el devenir de los años. La perfección es, en este caso, una lógica cuestión de tiempo.

Una pasión Lottusse por otro lado, con diferentes facetas convergentes entre sí y transmitidas, como el más preciado legado, generación tras generación. La pasión por la artesanía, por el trabajo bien hecho y por la innovación. La primera hasta llegar a la sensibilidad de convertirla en moda. La segunda como un natural ejercicio de autoexigencia. La tercera, como el ingrediente perfecto para recorrer los tres siglos en los que ha vivido la marca.

Y por supuesto, la pasión es humana, patrimonio de las personas. Por ello, este escrito en el que se ha sumergido usted, se ha concebido como un homenaje. Justo ahora que cumplimos 140 años. Un agradecimiento a todas y a cada una de las personas, con nombres y apellidos, que han permitido que de cualquier forma, Lottusse se cruzara en sus vidas, construyendo así, un poco más, la historia de la marca. Desde los maestros zapateros hasta los integrantes de los departamentos de administración, exportación o marketing; desde los proveedores de piel, embalajes o material de oficina, hasta cada uno de los clientes de los diferentes países donde se puede comprar un producto Lottusse. Sin olvidar, cómo no, a los paisanos de Inca, que han sido protagonistas indiscutibles de cada uno de los pasos que la marca ha ido dando década tras década. Porque todos ellos, sin excepción alguna, al ritmo que marcaron las sirenas de la pasión, son los que construyeron una historia que se inició un día de 1877, cuando el Mestre Toni Fluxá comenzó a hacer realidad su gran sueño: fabricar los mejores zapatos.

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